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Historia

Sabemos por crónicas musulmanas que en estas sierras del Sistema Central se establecieron ya desde comienzos de la conquista musulmana tribus beréberes de las montañas del Rif y Yebala. Tenemos noticias de tribus como la de los Banu l´Hidyara asentada en las laderas meridionales del Sistema Central, en la actual provincia de Guadalajara, tal y como atestigua la toponimia árabe posterior. Eran tribus que soportó las condiciones de extrema dureza impuestas por la élite árabe, produciéndose ya en el 741 la primera de las muchas revueltas protagonizadas por estas gentes. Las montañas de Guadarrama y Gredos permanecerán así inmersas en continuas luchas sangrientas lo que provocó su despoblación durante largo tiempo.

Durante tres siglos las cumbres del Sistema Central constituyeron la llamada Frontera Próxima o Media, donde las ciudades de Talavera, Toledo y Guadalajara, y más en primera línea las fortalezas de Madrid y Salamanca fueron puntos clave en la defensa del territorio contra las incursiones cristianas. Vivir todas ellas en estado permanente de alerta ante la proximidad de los ejércitos cristianos. No será hasta los S.XI y XII, tras el traslado definitivo de la raya fronteriza al Tajo, cuando se den las condiciones idóneas para los nuevos colonos, segovianos principalmente, se asienten de una forma estable en la ladera sur del Guadarrama, la conocida como la Tras-sierra o Allede sierra. Comienza aquí una larga disputa entre los concejos de Segovia y de Madrid por el control de estas tierras. No será hasta el S.XIII, 1268, cuando la corona intervenga en la disputa, incorporando a la corona los territorios disputados, implantando el centro de las posesiones reales en lo que de aquí en un futuro se conocerá como el Real de Manzanares. Pero poco durará la jurisdicción real sobre estos territorios ya, en 1287, Sancho IV resuelve un favor del Concejo de Segovia devolviéndole lo que históricamente han sido territorios segovianos, para más tarde pasar a manos del infante Alfonso, nieto de Alfonso X, como compensación por sus aspiraciones fustradas al trono. 1383 es ​​la fecha en la que Miraflores de la Sierra pasa a manos de la Casa de los Mendoza, futuros Duques del Infantado, en la persona de D. Pero González de Mendoza, junto con los demás lugares del Real.

Pasado el tiempo, en la Nochebuena de 1523, el Emperador Carlos V concedió el título de Villazgo a Galapagar, Guadalix y Porquerizas, con autoridad y jurisdicción propia, quedando desligadas de la jurisdicción de Manzanares que les quedaba muy a mano de las gentes de estos pueblos en sus litigios legales a la hora de impartir justicia. Tal y como dice literalmente la Carta de Privilegio: "... es nuestra merced y voluntad que puedan tener y puedan tener en ellas y en cada una de ellas horca y picota y cepo, cadena, e açote, y todas las otras insignias de jurisdicción ... ". Aunque en lo económico y en las grandes cuestiones jurídicas consideraciones específicas del Señorío hasta su abolición definitiva de estos en 1837.

 

Cambio de topónimo 

El primer nombre del municipio de Miraflores de la Sierra fue Porquerizas.

Esta denominación, posee dos significados:
1. Lugar de crianza y guarda del ganado de cerdo doméstico (gorrinera, zahúrda, corte…).
2. Lugar poblado y abundante en jabalíes.

  Cualquiera de las dos es adecuada para definir esta incipiente aldea medieval y por ello se ha supuesto siempre que el nombre
  procede de los rebaños de cerdos que cuidaban los segovianos en los bosques. Pese a que esta es una teoría que se estima
  poco probable. Lo que más convence es que “Porquerizas” no se refiriese a cerdos domésticos sino a jabalíes, que en otro
  tiempo se llamaban puercos, que poblaban en un elevado número los montes de la sierra, donde la caza era abundante y uno
  de los deportes escogidos por los reyes y nobles. Los jabalíes tenían sus guaridas en las montañas que rodean Miraflores y allí
  se refugiaban después de sus aventuras por el Pardo   y por el Real Manzanares, por lo cual eran conocidos como cobijo de
  gran número de puercos, y nada tiene de extraño que este municipio se llamase Porquerizas.

  El cambio de nombre, va asociado a una bella leyenda por la que se piensa fue Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, que
  cuando marchaba al monasterio del Paular por el   camino real de la Morcuera, hizo una parada para descansar en una meseta
  de la cima de la Raya, al pie de la Najarra, y observó Porquerizas. Posteriormente, la reina se fijó en algunas flores, y con la
  alegría propia de su juventud (Isabel contaba con 24 años y había dirigido varias veces los negocios de estado en ausencia de
  su marido Felipe   IV), exclamó "mira, ¡flores!". Varias de las personas que la acompañaban, quizá su camarera mayor la
  Duquesa de Gandía o el Conde Benavente, propusieron que esas   palabras que acababa de pronunciar podían ser el nuevo nombre de aquel atractivo lugar que tan feo nombre venía usando. Encantada con la idea, la reina dispuso que a partir de aquel instante la villa que estaba contemplando se llamara Miraflores de la Sierra. El lugar en el cual se realizó la parada, es una gran llanura por la que cruza el camino real, con espesa vegetación en la cual proliferan las fuentes de agua fría y cristalina, sitio muy agradable que brinda descanso antes de iniciar la dura etapa de traspasar el puerto.

 No conocemos si es real o no esta historia, pero si tenemos constancia que el primer cambio de nombre que nos encontramos data del 9 de noviembre de 1627, si bien estas   fechas no corresponden con el viaje de la Reina. No se ha descubierto ningún documento sobre este cambio ni se ha hecho referencia en los innumerables escritos de la   época.

 Hay muestras de la veracidad del viaje de la Reina, porque este coincide con la muerte de la Infanta María Eugenia, por lo que pudo ser que la reina quisiese ausentarse de la corte, y es probable su asombro en encontrar flores en la montaña a principios de diciembre, donde en la gran parte de los sitios estaban agotadas. 

Es una hermosa tradición, que nosotros tomamos como reflejo de los hechos, ya que si no fue verdad, si pudo serlo.

 

Las Brujas de Miraflores de la Sierra

  Corría el año 1644 cuando en Miraflores de la Sierra se lanzó un rumor que atemorizó a todo el vecindario. En Miraflores
  había brujas...

  La noticia se propagó confirmada y aderezada con lo que cada uno había visto. En el pueblo existían brujas, y la paz en la que
  vivían los sencillos habitantes de Miraflores se vio gravemente perturbada, nadie se atrevía a salir de su casa cuando llegaban
  las primeras sombras de alrededor.

  El 23 de septimenbre de 1644 se ordenó la detención de María Manzanares, anciana de más de 60 años a la que todo el pueblo
  acusaba de ser bruja. Se la acusó de brujear en cueros por la sierra, otro día no estaba desnuda pero si con los pechos abiertos
  cogiendo escuerzos que metía en la taleguilla y luego molía y convertía en polvo que echaba en el caldo o en el vino.

  Ana Nieva, amiga de 74 años de la acusada, al declarar se acusó ella misma de practicar también como hechicera, por lo que
  fue procesada como bruja y por tener un pacto con el diablo. Declaró que una noche en el portal de su casa invocó la
  Manzanares a los demonios, apareciendo brujas cabalgando en machos cabríos, tras esto bailaron una danza diabólica y luego
  desaparecieron marchándose a Torrelaguna a beberse tres tinajas de vino en una bodega. Otra vez hizo María Manzanares
  una pomada y se untaron el muslo y las asilas y susurrando unas palabras se vieron transportados con los demás donde
  bebieron y bailaron, después de la orgía marcharon todos montados en sus machos cabríos a Peñarredonda, donde al llegar,
  orinaban todos holgándose y bailando al son de los tambores.

 Se acusó a María Manzanares de utilizar, los hechizos, ungüentos e ingredientes preparados con las materias más extrañas, tierra de cementerio, pan mojado en sangre, pelo de la cabeza….. En todas las acusaciones, negó que fuese bruja aunque si confesó practicar el curanderismo finalmente no se ha encontrado la sentencia del tribunal, pero existe un texto revelador. Ningún procesado por hechicería o brujería murió en Castilla la Nueva, las penas impuestas se redujeron a misas, oraciones, ayunos, vergüenza pública, destierro temporal y local, represiones, multas...

 

 

El Tío Francachela

Es el personaje más famoso en Miraflores durante el siglo XIX
Antonio Robledo Palomino, "El Tío Francachela", a quien se dedica la fuente monumento de la Ctra. de Rascafría, es el personaje más famoso del siglo XIX.


  De profesión pastor, su vida transcurre en contacto con la naturaleza. Había oído desde pequeño, hablar del daño que
  causaban los lobos al ganado, por ello se dedicó a esta labor, parece ser que el primer lobo lo capturó con una vieja
  escopeta de pistón usada a modo de garrote y por la hazaña el Ayuntamiento le recompensó con dos duros.

  Poco a poco se dedicó a rastrear, conocía a cada lobo por su nombre y costumbres, llegó a arriesgar su vida entrando
  incluso a las madrigueras para llevarse a los lobeznos, en una ocasión encontró una loba dentro de una madriguera.
  En el archivo municipal, hay datos que mató 219 lobos.

  Dado que en aquella época los lobos estaban considerados peligrosos y perjudiciales para el mantenimiento
  del ganado, Francachela fue respetado y querido por los vecinos, consiguieron para él una pensión vitalicia de ochenta
  céntimos diarios. Murió tranquilamente en la cocina, junto a la lumbre, en una cruda noche de invierno.

  Su memoria permanece hoy en día. 

 

 

La iglesia parroquial

Al penetrar en la iglesia parroquial de Miraflores de la Sierra, el visitante queda sorprendido ante la magnificencia del templo. En aquellos tiempos se daba mucha importancia a la religiosidad y se construían monumentales iglesias y catedrales, ya que en la antigüedad había un ambiente devoto, religioso y ferviente católico en los pueblos de España, y había misa del alba y de la aurora. Esta fue la razón por la cual un lugar pequeño como Porquerizas se alzara en el siglo XV con un templo suntuoso, de bello estilo ojival, como se puede apreciar en el crucero y el altar mayor.

El templo existente de la Iglesia Parroquial de Miraflores de la Sierra no es el primitivo, a pesar de su antigüedad, fue precedido por otro, del que existen noticias documentales, al menos desde principios del siglo XV, ya que se citan en los escritos reuniones del Concejo en el pórtico de la Iglesia de Santa María la Mayor, advocación que precedió a la actual, también mariana, de nuestra señora de la Asunción, la patrona del pueblo. El templo actual se comenzó a construir a principios del siglo XVI y presenta varios estilos a consecuencia de sucesivas ampliaciones y reformas.

La parroquia actual consta de diversas partes correspondientes a dos épocas distintas de construcción, cabecera, presbiterio y crucero, tres naves, torre-campanario y dos pórticos de acceso al templo. Esta iglesia es una mezcla de diferentes épocas y estilos.

  La torre-campanario, alzada en 1511, parece que constituye la parte más antigua del conjunto. Está formada por dos cuerpos separados por una
  imposta de piedra en mampostería y con las esquinas en sillería. El primer cuerpo muestra un basamento saliente o zarpa y su altura es tres veces
  mayor que el segundo cuerpo o campanario. En este último se abren dobles ventanales rematados por arcos de medio punto, y acabados en una
  cornisa de piedra adornada con las típicas bolas, cubierta por teja curva a cuatro aguas.

  La cabecera del templo, formada por la unión de crucero y presbiterio, fue comenzada a principios del s. XVI. Su gran particularidad es su forma
  rectangular, en donde las dimensiones del presbiterio y de los dos extremos laterales del crucero son análogas de medidas y poseen idénticas
  bóvedas de crucería. En estas los nervios descansan sobre los pilares y es donde arrancan los baquetones que ascienden hacia las bóvedas.

  La parte central esta formada por tres naves de estilo neoclásico (s. XVIII). La nave central, más ancha y de mayor altura que las laterales, se
  encuentra separada de éstas por cinco arcos de medio punto que se apoyan sobre pilares cuadrados que tienen adosadas sendas columnas de estilo
  dórico-neoclásico de la misma época y estilo que las naves.

  Arquitectónicamente la nave central de la iglesia se cubrió con una elevada bóveda de cañón, típica del románico, sustentada a cada lado por cinco
  aros de medio punto levantados sobre robustos pilares reforzados por columnas adosadas a los mismos.

  Sobre la cornisa, de la que arranca la gran bóveda, se abren a cada lado tres ventanales redondos por los que penetra abundante claridad. Las naves
  laterales están cubiertas a menos altura. Otras dos columnas idénticas a las adosadas en los pilares, sostienen el coro.

El aspecto que ofrece esta parte del templo es típicamente herreriano, por la elegante sobriedad de la construcción y el predominio de la línea recta como elemento decorativo. En los dos pilares que sostienen los arcos se colocó unas pirámides truncadas por bolas de piedra.

La Iglesia conservaba hasta 1936 obras de arte que han desaparecido, artísticos retablos, cuadros de bastante mérito, imágenes antiguas, ornamentos, recuerdos históricos. Durante la guerra civil se destruyeron, el 10 de agosto de 1936, el retablo del altar mayor que se alzaba hasta la bóveda, los cuatros retablos del crucero y los cuadros, imágenes y objetos que había en la iglesia y en el archivo municipal.

El retablo del altar mayor fue expresamente labrado para la iglesia de Porquerizas, cubría todo el frente y el remate superior tocaba la clave del arco que sostiene la bóveda. En el basamento se veían, en bajo relieve, varias figuras representando las virtudes teologales y cardinales, y varios apóstoles. Sobre este basamento se levantaban varios cuerpos, con distintas representaciones en cada uno de ellos.

Este retablo se construyo en los años 1557 y 1558, realizándose en años posteriores, de 1563 a 1566, la pintura y dorado del mismo, por Jerónimo Rodríguez.

El retablo de Santiago se hallaba situado en el crucero, de espaldas al presbiterio, en el lado de la epístola. Pero en el primitivo templo estuvo en el interior de una capilla de la nave central, capilla que se reformo más tarde.

Otros retablos que había antiguamente, era el retablo de Nuestra Señora del Rosario, que estaba en el lado del Evangelio y en la misma posición que el de Santiago.

  La Capilla de San Antonio, se levanto en honor a San Antonio de Padua. Se aprovecho para levantarla el terreno que ocupaba
  una casilla aneja a la iglesia, que servía como almacén de objetos de culto. El Concejo contribuyó con los materiales necesarios
  y los vecinos aportaron sus limosnas y su trabajo personal.

  Otra capilla destacada del templo es la Capilla de San José se abre en la nave izquierda del templo.

  El Altar de la Milagrosa es una de las pocas reliquias de siglos pasados que han quedado en las Iglesia parroquial.

  La pila bautismal, situada en el baptisterio, data de hace tres siglos. Es de forma semiesférica, de una sola pieza, tallada en
  piedra y con adornos en relieve en la parte exterior. Fue labrada en 1638.

  La capellanía de las ánimas es muy antigua y salió indemne del proceso de desamortización.

Terminada la guerra civil, se limpió el templo, que había sido utilizado como almacén de carbón durante la contienda, y se le intento dotar de lo imprescindible para reanudar el culto. Gracias a la generosidad de los fieles permitió en breve tiempo levantar de nuevo los altares destruidos y colocar las imágenes que tradicionalmente se habían venerado en el municipio. La imagen de Nuestra Señora de la Asunción, fue donada por Don Vicente Portillo, y los Sagrados Corazones, colocados en el altar mayor, fueron tallados por el escultor Ricardo Font. En 1955 se realizó el actual retablo mayor, copia fiel del primitivo.

El altar de la Virgen de Guadalupe, que se levanta en lugar de la que antes ocupaba el retablo de Nuestra Señora del Rosario, es obra del escultor madrileño señor Santabárbara, y construido a expensas de Don Antonio Rey Soria.

En el altar contiguo, de la Virgen del Carmen, ha servido como fondo la pintura que apareció debajo del desparecido retablo. Y donde en la antigüedad estuvo el altar de la Purísima esta ahora el de Nuestra Señora del Pilar y el altar de la Milagrosa se construyo con el antiguo órgano. La capilla de San Antonio fue restaurada totalmente por don José y don Antonio Yáñez. Y en el altar de la Soledad se colocó un gran lienzo que representa el drama del Calvario y que antes se utilizaba para cubrir los altares durante la semana santa. Y en el sitio que ocupaba el valioso retablo de Santiago, se construyo un altar, labrado por el señor Santabárbara y dedicado a la Inmaculada, costeado por las Hijas de María.

De las siete campanas que poseía la iglesia, solamente se conservaba tras la contienda la más pequeña, por lo que tuvieron que adquirir campanas nuevas.

 

 

Fuentes

Si por algo Miraflores de la Sierra adquirió justificada fama fue por sus numerosas fuentes y manantiales.

Característica esta que, conjugada con el poder curativo del aire puro del Guadarrama, hizo de Miraflores destino preferentemente frecuentado por el movimiento higienista. Comenzando así el establecimiento, desde finales del S.XIX y principios del S.XX, de villas de veraneo por parte de la clase burguesa madrileña.

 

 

  De las muchas fuentes, pasadas y presentes, citaremos tan sólo las más conocidas tales como la Fuente Nueva, construida en 1791 y
  de la cual se discute la función de sus dos pilones como abrevadero para las bestias de la diligencia que recorría el camino de Madrid o
  como lavadero. Se sabe que sustituyó a una más antigua de la que no se tienen noticias pero de la cual se han conservado restos hasta
  épocas recientes en sus aledaños, tales como la inscripción en la que se hablaba de la construcción y patronazgo de esta.

 

 

 

 

  

 

  La llamada Fuente del Pino se erigió el mismo año de 1791, antiguamente poseía un pilón único y las típicas bolas serranas a los lados. Fueron estas
  aguas calificadas de muy beneficiosas, antiguamente recomendadas por el Dr. Antonio Merlo Romero y que de aquellas conserva su fama actual entre
  los habitantes del municipio como las mejores aguas del lugar. 

 

 

 

 


 

   

  Un siglo más reciente es la Fuente del Cura, datando su construcción de 1888. Recibe su nombre por la zona en la que se asienta
  propiedad del rico eclesiástico Juan González Borizo, natural del pueblo y nacido en 1567. 

 

 

 

 

   Junto a esta, un poco más arriba por el camino de La Muñequilla, encontramos la Fuente de la Villa, construida en 1970 y con fama
  antigua de buenas aguas, aunque hoy en día este manantial se haya captado para el Canal de Isabel II y el agua que corra por sus caños
  no sea la de antaño.

 

 

  

 

 

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